confusión

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El Conejo

Esta es una historia verdaderamente sorprendente, algunos pensarán que es un chiste, pero la realidad se aleja mucho de la comedia cotidiana. Esta historia me la contó un amigo mío y me dijo que le sucedió a la hermana de un cuate. Todo comienza una mañana, de un sábado como aquellos sábados que nos gusta recordar, almorzar con los amigos, platicar un buen rato, degustar un postrecito con un café y de regreso a la casa. Pues resulta que llegan unos amigos a visitar a la hermana de este cuate, y llegan con su mascota querida y adorada, un perro de esos grandes y medio tontos, que andan brinque y brinque por todos lados y sacudiendo la cabeza por todas partes, no creo que no hayan visto alguno de estos. Por obviedad dejan al juguetón “perrito” en el jardín, entran a la casa, platican, comen cotorrean el punto de lo más lindo y cuando iban ya de salida se dan cuenta de que el perro estaba todo lleno de tierra y traía en el hocico un conejo muerto o al menos es lo que parecía; en ese momento Lina, (la hermana del cuate mi amigo) pega un grito horrorizada pues se da cuenta de que el perro se había brincado a la casa de su vecina (una americana que se había ido un día fuera de la ciudad) y había matado a su conejo, pero no era un conejo cualquiera, no no no no, era su acompañante, su amigo, casi casi su hijo.

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¿Buffete o Chimichanga?

Al redactar esta historia, lo hago todavía con el asombro en los ojos y teniendo de testigo una vieja lámpara de escritorio que me prestó un amigo en la secundaria y un muñeco de homero simpson que me regaló mi esposa el día de reyes; ellos no me dejarán mentir.Todo comienza como cualquier día normal para nuestro Ingeniero (personaje central de la historia), ayer en Campeche, México y hoy en alguna región del Salvador. El día transcurrió sin novedad alguna con aproximadamente 12 horas exhaustivas de trabajo (normales por supuesto para el Ingeniero) por fin había llegado la hora tan deseada, “La cena”.

Cansado de la jornada laboral, el Ingeniero se dispuso salir a comprar algo cercano a su hotel. No demoró mucho para encontrar una tienda de autoservicios, en la cual adquirió una coca cola de medio litro, 2 panecitos, 1 chicle y la tradicional CHIMICHANGA, alimento tradicional TEXMEX y los más cercano a su habitual orden alimenticio del Ingeniero, los tacos mexicanos.

Después de pagar y salir de la tienda, camino hacia su hotel, no obstante en el camino un puesto de revistas hizo la triunfal aparición y acaparó la atención del Ingeniero, quien rápidamente se percató del volumen 1 de la revista Memín Penguín, la cual había sido reeimpresa en México y que semanas anteriores había tenido una fuerte polémica entre EEUU y México, por la impresión de estampillas con la figura de tan singular personaje.

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