En esta foto no sabíamos que estábamos a punto de fracasar.
Hace muchos años, Francisco y yo decidimos invertir en una máquina de café.
La famosa idea del “negocio sencillo”.
Trabajábamos, estábamos ocupados y queríamos algo que no demandara tanto tiempo ni tanta inversión.
Sonaba perfecto.
La colocamos en una universidad y firmamos un convenio ganar-ganar.
Hubo sonrisas, expectativas y muchos planes.
Pero la realidad fue otra.
Mantenimiento constante.
Reportes recurrentes.
Vueltas interminables.
Desperdicio de producto.
Costos que no habíamos dimensionado.
Duramos pocos meses, retiramos la máquina y la vendimos.
El resultado evidente: un fracaso.
Pero hay algo que también es cierto: No ganamos… pero cómo nos divertimos.
Porque emprender no siempre es ganar dinero.
A veces es ganar criterio.
Aprendimos que:
• No todo negocio “simple” es realmente simple.
• La operación vale más que la idea.
• Lo que no anticipas, te termina costando.
• Si no dominas el tema —y ninguno de los socios lo domina—, mejor no entrar.
Hoy vemos esa foto y no vemos un error.
Vemos el precio de una lección que nos ha servido muchas veces después.
A veces no pierdes, inviertes en experiencia.
Y la experiencia, bien entendida, siempre paga dividendos.
Gracias, Francisco, por aquella aventura… y por todas las que sí funcionaron después.



