Platicando con un joven, el cual no superaba los 25 años, me comentaba desde su perspectiva lo fácil que resulta la vida hoy día. Si se le antojaba escuchar la última canción de su artista favorito sólo tenía acceder a Internet y descargarla para reproducirla cuántas veces quisiera. Si tenía antojo de alguna comida en particular, sólo tenía que marcar un número telefónico  y realizar su pedido. Conocer el pronóstico del clima, los últimos resultados deportivos, la cartelera en el cine era cosa de niños. “Prácticamente cualquier cosa puede obtenerse con gran facilidad y prontitud” fue el mensaje final con el que remató este joven.

No demoré mucho en deducir que tanta facilidad para obtener las cosas puede traer consecuencias sombrías.

Todo esto resulta muy cómodo, interesante, innovador y sobretodo  rápido. Y es en la velocidad  dónde radica el mayor problema. El facilitarle tanto las cosas a un joven y el que pueda obtenerlas con enorme rapidez genera un espejismo en su mente y cree que este modelo es aplicable para cualquier situación o ámbito.

La formación de un profesional, de un líder o de un hombre congruente y honesto es un platillo que se sazona a fuego lento, es un proceso que requiere tiempo, pausas y en ese sentido paciencia y tolerancia para ir controlando los avances. De ninguna forma se puede pretender cosechar frutos sin antes sembrar. No se puede obtener  réditos de una cuenta de ahorros sin invertir en ella.

Por lo tanto tampoco se puede obtener el puesto de Jefe saliendo de la escuela, ser gerente de una empresa y ni pensar ser el Director a los pocos años de egresado. No quiere decir que esto sea imposible, para nada, pero en un contexto normal no es lo recomendado. Se necesita crecer a un ritmo natural, en muchas ocasiones lento en comparación con los 2 minutos que lleva cocinar unas palomitas de maíz en el microondas.

Muchos jóvenes trasladan la facilidad y rapidez con la que se obtienen las cosas actualmente al plano profesional y es cuando surgen muchos de los problemas de frustración y enfado. Frustración de no poder saltar los obstáculos diarios, de no obtener los resultados esperados con la prontitud que esperada.

Se paciente, la formación personal lleva tiempo, es un proceso largo y gradual. Y créeme que vale la pena esperar.

Generación Microondas
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2 pensamientos en “Generación Microondas

  • junio 12, 2009 a las 9:59 am
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    En cuanto a la primera parte, siempre lo he dicho: el azote de la humanidad no será el sida, o la gripe porcina, ni nada de eso; será la pereza y la búsqueda interminable de convertirnos en unos inútiles, cada vez esforzándonos menos.

    En cuanto a llevar esa actitud al mundo real, si bien cada quién es responsable de su percepción del mundo, también la formación de los futuros profesionales es defectuosa, y muchas veces no se hace patente durante los años formativos que el mundo real algunas veces no es tan bonito, ni tan sencillo.

  • junio 16, 2009 a las 8:29 am
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    vean la pelicula de wall-e
    ahi esta el futuro, jejejje

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